Mis papás están quietos. Dos televisores sonando en un murmullo de estática, concursos de canto y fútbol.
Esperando una pensión pasa la noche, el día, el almuerzo, la comida y el mundo lánguido, estirándose por el corredor empolvado.
¿Alguna ves cae la buena suerte?
El tedio ronda la casa y el sol entra de vez en cuando por la ventana en unas finas líneas que no alcanzan a alumbrar.
Nada se mueve.